¿Nevará?
Se levantó de la silla una vez más, acercándose al ventanal, y miró hacia el cielo con un gesto interrogante. Nada nuevo: cubierto con un manto de nubes ordinarias y de un gris uniforme. Como los siete días previos. Miró abajo, al patio. Todo igual.
Volvió a sentarse y apoyó la cabeza en las manos, los codos sobre la mesa. Decepción.
-- ¿Qué te pasa?
Dos segundos de silencio, con la mirada fija en algún punto desconocido. Y de repente:
-- ¿Crees que nevará?
Mientras lo decía se le iluminaban los ojos.
-- ... porque hace mucho frío, seguro que estamos a diez grados bajo cero... y el jazminero, tenía una flor negra. ¿Eso no es cuando hiela? Yo creo que va a nevar...
Seguridad repentina. Confianza en una misma.
-- Bueno...
Miró también por la ventana, como examinando al paciente antes de diagnosticar.
... cuando va a nevar, se pone el cielo blanco, blanquísimooo, y hay una claridad muy fuerte, con mucha, ¡muchísima luz!
dijo lentamente, casi diríase que evocando otros tiempos. Dejó las agujas de punto (y la manga a medias) en su regazo, y se frotó el hombro con la mano derecha, con un escalofrío.
-- Entonces... no crees que vaya a nevar
La miró. Le maravillaba su persistencia.
-- No... por ahora... me parece que no...
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