Ajo

-- El olor a ajo me recuerda a tí--, le dijo, en su inocencia.

-- ¿Pero cómo se te ocurre decirle eso? Anda que tienes unas cosas...

-- ¡Es verdad! Como siempre que vienen a vernos se pone con el mortero a picar ajos y perejil...

-- Pero es que decirle que huele a...

Era el momento de romper una lanza a favor del candor infantil:

-- ¡Oye! no tengo ningún problema en que me recuerde por el ajo o la salsa verde. Que bien buenos están. Y son muy honrados, como yo.

-- ¿Ves? A ella no le importa... Además, huelen bien.