Postes

La carretera: los postes de teléfono, el hilo subiendo, y bajando. Como un osciloscopio, un metrónomo marcando kilómetro tras kilómetro. Cada cincuenta postes: un kilómetro (más o menos).

Fíjate qué rápido vamos; casi no se distinguen los postes. Son un continuo, una mancha a franjas. Pam pam pam pam pam, detienen el viento que traemos; nos lo devuelven como una raquetilla. Pam pam pam pam pam, abofetean nuestras orejas; ¡cierra la ventana!

Fuera, quedan los postes. Fuera, lo que tú digas (no lo creo). Mis postes amigos, llevando miles de conversaciones de teléfono (y de telégrafo). Yo me llevo a mí (bueno, lo hace el coche). Los postes los llevan a ellos: teletransporte primitivo e incompleto, fraccionado en varas y listones.