Huella estrellada

Subió frenéticamente las escaleras con la única intención de deslizarse rápido por el tobogán y volver a repetir el proceso hasta aburrirse. Pero una vez arriba, se detuvo un instante para mirar desde aquella altura, como un vigía en la torre de un castillo, y se dió cuenta de que no estaba sola en el parque.

En un balancín a la derecha del tobogán estaba una niña conocida, sentada como esperando que alguien más jugara con ella.

Saludó con la mano y se deslizó por el tobogán; como siempre al caer, levantó una nube de arena y gravilla en la base de la atracción. Se sacudió un poco y se dirigió hacia la niña del balancín.

¿Qué haces aquí?

... tan extrañada porque estuviera sola en el parque, mientras ella iba con su madre.

He venido al parque.

Y se levantó del balancín. En una mano llevaba una bolsita con chucherías.

¿Quieres?

dijo, acercando la bolsita. La niña del tobogán cogió una esponjita.

¡Gracias! ¿Y estás sola?

Comenzó a comer la pequeña esponja, mientras la chica del balancín daba algunos pasos sobre la arena, dejando huellas con estrellitas en el centro.

No, he venido con mi abuelo, está allá leyendo el periódico.

No podía dejar de mirar las huellas y las estrellas en ellas...