Cierto momento de Enero

Una extraña brisa invadió la ciudad aquel anochecer, trayendo sensaciones que estaban fuera de lugar y de tiempo: luz, calor, relajo y la impetuosa necesidad de pasear y hacer amistad con las calles de nuevo, tras el despecho del invierno.

Lo más inusual quizá es que el fenómeno se reprodujera en esa ciudad también. La primera vez que lo experimentó, pensó que era una cualidad inherente a aquel lugar, y no le dió más importancia.

Así que aparentemente este suceso podía ocurrir en más lugares, ¡quién sabe si en todos! Quizá en ese mismo momento, la brisa estaba atravesando más ciudades adormecidas e hibernantes, provocando un atisbo de despertar, y más gente habría observado anteriormente el fenómeno y se estaba preguntando en ese mismo momento, ¡ese preciso instante!, si no habría alguien más que lo hubiera observado.

Sin embargo, las masas seguían uniformadas con las vestiduras de invierno, caminando en bloques compactos que se deslizaban por las aceras como ladrillos en una cadena de montaje, uno tras otro, uno tras otro, con las mismas caras grises de ayer y anteayer, dando a entender que nadie más apreciaba el sutil cambio de temperatura, y reduciendo la importancia de este hallazgo a los simples apelativos de minúsculo e insignificante.