El caserón abandonado (V)

¿Una consulta médica? ... sí... quizá..., o no sé..., tal vez la casa de un médico rico. A lo mejor tenía la consulta en otro sitio... no estoy seguro de que esto tenga pinta de sala de espera -- dijo, señalando con la vista a aquella especie de laboratorio.

Bueno, porque ahora está todo descuidado, pero lo mismo entonces era diferente, estaría más arreglado, ya sabes.

No sé, no me convence mucho que para entrar a la consulta (que parece aquello del fondo, donde está el escritorio), tuvieran que pasar por el laboratorio... o lo que quiera que sea esto. Imagínate que hubieran cortado a cachos a alguien y lo hubieran puesto aquí en varios botes de esos con cloroformo; llega el nuevo paciente y se ve una oreja flotando en un bote, una nariz en otro... ¡no es plan!

¿¡Pero cómo van a cortar a alguien a cachos!? Que no estamos en una película de terror... va, venga, vamos hacia allí a ver qué más hay, aunque no entendamos qué hacían aquí ni de quién era esto...

O a lo mejor no vive nadie porque los fantasmas de las víctimas campan a sus anchas aquí...

¡Va, para ya!

En el otro extremo del laboratorio había una puerta que lo comunicaba con una pequeña dependencia con dos puertas más. Una, a la izquierda, llevaba a las escaleras. La otra, justo enfrente, estaba cerrada, pero por el ojo de la cerradura podía verse una estancia alargada: el recibidor que comunicaba el caserón con la Calle Mayor. Los dos grandes ventanales que siempre habían visto desde la calle, ocultos con aquellas viejas venecianas de arqueadas láminas de madera, se mostraban ahora desnudos en la intimidad de lo privado. Ciertamente, costó bastante poder ver nada en el recibidor, que estaba iluminado tan sólo con la luz que entraba por las rendijas que dejaban los postigos mal ajustados. Al fondo se oían los ruidos de la calle, y casi parecía otro mundo, ajeno a ellos.

Por allí no podían llegar muy lejos, dejando aparte que llevaba a algo tan cotidiano y conocido que rechazaron la idea sin ni siquiera nombrarla en voz alta. Se dirigieron entonces hacia las escaleras, con una mezcla de pensamientos en su mente: curiosidad y deseo de encontrar algo que explicara qué era aquello y por qué estaba abandonado, pero también con miedo de encontrar algo no muy agradable.