Ensaimada con chocolate

... porque ahora en invierno es muy importante comer cosas que den energía al cuerpo...,

dijo mientras se dirigía a la entrada de la tienda.

Detrás de la puerta había un expositor con ensaimadas, croissants y tabletas de chocolate elgorriaga. Los precios estaban escritos con un bolígrafo, usando una enérgica y cuidada caligrafía, sobre unos fragmentos rectangulares de cartón que anteriormente fueron parte de un cartel, y sujetos al expositor con unos alambres negros (que eran horquillas de pelo modificadas, como pudo entender años después)

Ensaimadas, 30 pesetas. Croissants, 25 pesetas. Chocolatina Elgorriaga, 10 pesetas.

Eligió con la vista la ensaimada que le pareció más apetitosa, y la tomó con los dedos índice y pulgar, manchándoselos del azúcar glas que recubría generosamente el dulce.

Y ahora verás que bien...

De la estantería superior del expositor tomó una tableta de chocolate, y ayudándose con la otra mano desenvolvió hábilmente la chocolatina. La niña iba a coger la tableta con su pequeña mano, cuando le dijo:

Espera, ¡aún hay que ponerla dentro de la ensaimada!

Abrió una hendidura en un lateral de la ensaimada, e insertó la chocolatina con suavidad. La niña contemplaba atónita la operación. ¿Chocolate en la ensaimada? Ella acostumbraba a comer primero la ensaimada, y luego la chocolatina, como un postre a la merienda.