Santos

En aquella época, cuando llegaba el santo de alguien, se preparaban pastelitos y otras delicias y se invitaba a toda la familia a merendar. Mandando quien mandaba, los cumpleaños eran una cosa menor y lo que importaba era la iglesia.

Lo que pasa es que por mi santo siempre llovía, así que los familiares delicados se quedaban en casa, y sólo venían los típicos gorrones que se apuntan nieve o granice.

Y cuando se iban, después de haberse hartado de dulces y salados, aún tenían la cara de pedir un poquito más, para llevarse a casa. Porque estaba todo tan bueno...

Les cogí manía en aquel entonces.