El caserón abandonado (VIII)

Sí, porque a ver... De lo que hemos visto, lo que tenía así más chicha era el dormitorio ese con recortes, que al menos, ¡tenía algo que ver! El resto de habitaciones están vacías... y no parece que vayamos a encontrar nada que explique qué era lo de abajo: una consulta, un laboratorio, ...-- y levantó los hombros, en un movimiento que transmitía escepticismo. Suspiró.

Bueno, pero podemos seguir mirando, simplemente por mirar. Tampoco tenemos mucho que hacer, y aún queda un buen rato hasta que se haga de noche.

El resto observaba, dubitativos, sin saber a qué bando unirse; si es que se les podía llamar bandos. Ambos merecían ser seguidos.

Además, sólo estamos en el primer piso, ¡y hay dos más!, continuó el entusiasmado, mientras hacía un dos con la mano.

Silencio.

Ya no. El murmuro lejano de las cigarras creció y se hizo evidente en aquella pausa en la conversación; un clamor casi ensordecedor salpicado por gritos, quizá desde la otra orilla del río. Algún coche pasando por la Calle Mayor. Pájaros. Cigarras.

Y justo cuando aquella extraña manifestación sonora parecía llegar al paroxismo, dijo:

Vale, vamos a ver qué hay en los otros pisos. Lo que sea menos estar aquí parados.

La idea y el concepto de los dos bandos desaparecieron rápidamente de la mente del resto. Por alguna extraña razón se sentían compelidos a seguir investigando el caserón, e incluso la reticente había acabado accediendo a continuar explorando, aún a pesar de su oposición inicial.

Miró por el balcón de la derecha. El huerto aparecía ahora menos amenazante que a pie de calle; incluso podría decirse que parecía que hubiera cambiado. Menos espinos, una hiedra más frondosa, los rosales podados.

No, no, se lo estaba imaginando: estaba igual que antes. ¿O antes ya estaba así? Habría sido el jardinero... ¿qué jardinero? Céntrate, céntrate...

¿Te pasa algo? ¿Hay algo en el huerto?

¿Eh?

Sí, que si has visto algo en el huerto. Como pones esa cara...

¿Qué cara? ¿Yo? No, no he visto nada... sólo estaba mirando y me he quedado en blanco... a veces me pasa...

Ahhh... ¿entonces seguimos o prefieres que nos marchemos?

No, no, seguimos, seguimos... sí...

Apartó lentamente la vista del huerto, como si le costara dejar de mirar allí abajo, y se encontró todas las miradas puestas en ella, con expresión interrogante.

¿Seguro?

¡Sí!

Estaba empezando incluso a enfadarse con tanta pregunta. El resto seguía mirándola, esperando. Decidida a acabar con la incómoda situación, comenzó a andar hacia la salida, cuando oyeron un ruido:

PLOM