Domingo

Campanas cercanas, amortiguadas, suenan lejanas; repican, cadentes, pausadas, insisten. Actividad en la calle: voces, carreras de pies pequeños, risas, los tacones de los zapatos de vestir resonando con solemnidad (la ropa es más discreta). Todo se detiene durante treinta minutos o un poco más (desde aquel Concilio, las cosas cambiaron mucho) y de nuevo vuelve el murmullo, algo menos solemne (por haber expiado los pecados), ahora con voces de adultos.

Pasan por delante del kiosko; el olor de decenas de periódicos hojeados en un instante los atrae irremediablemente: los domingos se compra un periódico. Salen cargados con un periódico cualquiera, los suplementos semanales, los suplementos a los suplementos, el coleccionable, las tapas y un póster conmemorativo de la nueva colección, todo por un módico precio.

En la casa, lejos de la calle, el murmullo apenas se distingue; más bien hay que imaginarlo y completarlo con los gritos ocasionales que penetran los muros y atraviesan el patio de luces. ¡Qué vistas tienes!, recordó que le decían. ¡Todo el río se ve desde aquí!. ¿El río?... me río yo del río, se decía, sin musitar palabra, mientras filtraba una infusión con un colador de tela. Un chorrito de leche hirviendo, tres galletas María y las pastillas de la mañana.

Mientras atravesaba el largo pasillo, lentamente, los coches seguían a lo lejos, escondiéndose y surgiendo tras las curvas. Se dejó caer pesadamente en el asiento. En la televisión, la misa. No le prestaba atención: un cura anónimo, coro anónimo, feligreses anónimos. Caras desconocidas, mirando a la cámara con pretensiones. La iglesia, ornamentada como nunca, porque viene la televisión. Ni caso, pero se sentía mejor si lo ponía.

Finalmente llegan, con el periódico y la parafernalia. No los oye entrar (el pasillo, ¡tan largo!). La misa ha acabado hace rato; ahora hacen un programa de temática religiosa, aprovechando las circunstancias.

-- ¡Caramba, cuánta cosa! ¡Al final hará falta un carrito para ir al kiosko! --

Apagan la televisión.

-- Hale, ¡contadme cosas! --

Lo hacen.