Baño de calor

Era verano, un día cualquiera de Julio. El sol iluminaba como no había hecho antes aquel año; caminar por la calle era oler los efluvios del asfalto ardiente, recibir los bofetones de aire sucio y recalentado que salía de los aparatos de aire acondicionado en los restaurantes.

Pero le gustaba esa sensación de estar sumergida en agua seca y caliente, la luz que despertaba los colores y casi los hacía hirientes, contrastando con la bebida, extremadamente fría y oscura, burbujeante, que le producía un cosquilleo al deslizarse por su garganta.