La balanza

Estaba en el banco de la cocina, a la derecha de los fogones y debajo de unos rieles con ganchos, de los cuales pendían una serie de utensilios y artilugios a veces rozando lo sorprendente e inexplicable. Así que allí estaba, con sus dos platos y el mecanismo basculante, cuidadosamente situada de forma que la aguja central compartiera vertical con el centro de los rieles.

Quizá era de hierro, pero eso era algo acerca de lo que sólo se podía especular, pues había sido pintada y repintada en tantas ocasiones, que el perfil en ciertas partes de la moldura que adornaba la base era prácticamente inapreciable, como si hubiera sido tallado en plano de buen principio. La última capa era de blanco marfil, pero algunos desconchados insinuaban otras elecciones previas.

A la derecha, escondidos en la sombra que proyectaba la bombilla desde lo alto de la campana grasosa y amarillenta, estaban los pesos -- de plomo, se recordaba cuando eran mencionados-- situados sobre un bloque de madera con agujeros circulares, que correspondían unívocamente a cada peso. Algunos agujeros estaban vacíos, especialmente los de los pesos más pequeños.

Probablemente se perdieron en alguna mudanza.