La fregada

-- No tienes ni idea del desastre que es para fregar. El otro día dice: Hoy, fregaré yo. Y yo tan feliz. Pero al buen rato de irse a la cocina, yo pensaba: ¿pero cómo puede tardar tanto?. Me acerqué a ver qué hacía.

-- ¿Y bien?

-- Mira: un fantoche. Allí estaba, delante del fregadero, con el montón de platos sucios a la derecha. El grifo abierto un poquiiito, cayendo un chorriiito de agua, y él cogía un plato sucio, lo remojaba un poco en el chorrito, y con la parte de esponja del estropajo, lo pasaba con cuidado por el plato. Como si no lo quisiera limpiar demasiado, por si se rompía. Luego, dejaba el estropajo en el cubito, y con el mismo chorrito con que había remojado el plato, lo enjuagaba. Con parsimonia. ¡Una payasada!

-- ... --sin palabras.

-- No sabes qué decir, ¿eh? ¡Hum! ¡Yo tampoco lo sabía! Pero cuando me acerqué y vi cómo estaban los platos... Mare de Déu, ¡cómo estaban de porquería!

-- ¿Y qué hiciste?

-- Le pregunté por qué fregaba así. Empezó a balbucear, dando lástima: Es que yo ... mimi, bla, bla, mumu, .... No sacaba nada en claro, y me estaba poniendo negra. Le dije que no era mucho mejor que Deu i Deu, ¡otra que acaricia los platos! Y le expliqué cómo los tenía que fregar, porque si no, se estaría toda la tarde con la fregada. ¡No la habría acabado y se nos juntaría con la de la cena! ¡Brrr! Mira, que te digo que hay que tener una paciencia...