Merienda onomástica

-- Y podríais ir al supermercado ése nuevo, y traer papas, y refrescos... Y así celebramos mi santo merendando...

Un día como hoy, años después (tampoco muchos), la llamé desde la capital. Desde una cabina, con monedas de veinticinco pesetas. Hacía un frío horrible en la calle. Le felicité el santo, y merendé en su honor.

Fue la última vez.